Megan Willis, la nueva cara del softbol
Feb 2nd, 2010 | By admin | Category: PerfilesTiene 24 años, es rubia, segura de sí misma y elegante, y ha sido llamada “una de las jugadoras de softbol más populares en los EE.UU.” Pero la verdadera belleza de Megan Willis está detrás del plato, vestida con peto, pernera y careta, en cuclillas con su mascota y usando ese rifle que tiene en su brazo derecho para atrapar a los corredores entre las bases.

Al celebrar el National Girls and Women in Sport Day el miércoles, Willis ha demostrado ser más que una cara bonita, sino también la cara fresca de un juego cambiante. Ella tiene una historia en el softbol cuya cúspide no vino con una medalla de oro colgada en su cuello en Atlanta, Sydney, Atenas o Beijing.
Ella nunca pasó el corte de un equipo olímpico. Ahora que este deporte ha sido eliminado del programa olímpico, las próximas generaciones de jugadoras no perseguirán una medalla de oro olímpica en softbol. Tendrán que encontrar la manera de seguir jugando al softbol después de la universidad, tal como lo hizo Willis.

“Mi historia afortunadamente le muestra a las jugadoras jóvenes de hoy que todavía hay muchas oportunidades en el softbol, desde becas universitarias hasta entrar a una liga profesional para mantener el juego en tu vida”, dijo Willis, quien fue receptora del equipo Campeón de la National Pro Fastpitch del 2009, Rockford Thunder. “Hay un lugar para su pasión, incluso sin los Juegos Olímpicos”.
Willis, ató los cordones de sus spikes por primera vez a los 9 años, cuando jugaba para los Arizona Hotshots y los Phoenix Storm, antes de unirse al equipo Sub18 Worth Firecrackers, del Condado de Orange.
Ella buscaba una beca de softbol en un programa de punta. Así que durante dos veranos, condujo cinco horas al oeste para entrenar y jugar con los Firecrackers de Huntington Beach, para obtener una mejor competencia y para jugar con Tony Rico, quien dirigió a jóvenes que llegaron a ser All América y, hasta 2008, atletas olímpicas.
Willis aterrizó en la Universidad de Texas, donde puso su guante en los famosos drops, las malvadas curvas y risers, las electrizantes rectas y los impresionantes misiles de la zurda Cat Osterman, Olímpica en 2004 y 2008.
“¿Quién podría pedir una experiencia mejor que agarrarle a una de las mejores lanzadoras del mundo?”, dijo Willis, quien ganó el premio a la Jugadora Defensiva del Año de la Big 12, y alcanzó el segundo equipo All America.

Sus Longhorns llegaron a la Serie Mundial Universitaria durante su segundo y tercer año universitario. Pero lo que la mantuvo en el juego después de la universidad y luego de quedar afuera en dos tryouts del Equipo Nacional, fue la nueva NPF. La liga no tenía tan sólo 18 lugares (como el roster de la Selección de Estados Unidos), sino 100 en sus seis equipos, con lo que Willis terminó jugando en 2007 para las Chicago Bandits.
El presupuesto de la NPF, el equipamiento y las instalaciones no eran las de la universidad, donde las atletas tenían trajes de viaje, salas de musculación, un staff de entrenadores y un suministro interminable de guantes, bates, lavado de uniformes y spikes.
Los cheques de pago en la NPF eran modestos, no era suficiente como para pagar el alquiler. Los equipos en su mayoría viajaban en autobuses a las ciudades para jugar partidos cinco días a la semana – algunos dobles juegos- en las escuelas secundarias o estadios de béisbol de ligas menores, convertidos a canchas de softbol. Algunas veces no había vestuarios. La mayoría de veces no había más de 500 aficionados en las gradas.
“Todos sabíamos que se trataba de una liga nueva”, dijo Willis. “No era una vida fácil de ninguna manera, pero estábamos haciendo sacrificios para empezar algo que esperamos se convierta en algo más grande y mejor para las futuras generaciones de jugadoras de softbol”.
Después de una temporada, sus amigos que no podían entender lo que el deporte significa para un jugador, le dijeron que no podía jugar al softbol para siempre, que necesitaba un trabajo de verdad en el mundo real. Ella escuchó a regañadientes, se retiró en 2008 y tomó un trabajo de marketing durante 11 meses.
La única vez que ella metió la mano en un guante de nuevo, fue durante el receso de la temporada de béisbol, cuando atrapó las curvas y sliders lanzadas por su marido, Sam LeCure, ex lanzador de la Universidad de Texas y actual pitcher Triple A de Cincinnati. Echaba de menos al softbol.
“Vuelve a la NPF,” le pidió Osterman cuando la llamó en diciembre de 2008. “No tenemos receptor. Realmente te necesito para que me agarres”.
Mientras Willis pasó un mes para decidir, Osterman mantuvo la presión, incluso con mensajes de texto al marido de Willis, “Tú la tienes todo el año. Yo sólo la quiero para el verano. ¿Puedo pedirle a Megan que vuelva a ponerse un guante de softbol?”
Así Willis salió del retiro, entrenó y se unió a Rockford Thunder para la temporada 2009. Durante un tiempo, el equipo perdió más partidos de los que ganó, pero en una liga de cinco equipos, se las arreglaron para llegar a los playoffs. Perdieron su primer juego contra el USSSA Pride, pero se recuperaron para ganar la serie al mejor de tres y conseguir la Cowles Cup.
Se supone que las Thunders tendrán sus anillos de campeonato -con el tiempo.

“Volver a la NPF fue una de las tres decisiones más importantes y la mejor experiencia de mi vida”, dijo Willis, quien se reunirá con Osterman la próxima temporada en los Tennessee Diamonds, equipo de expansión creado después de la desaparición de las Thunders. “La NPF me dio la oportunidad de jugar con las mejores jugadoras del mundo, ex atletas olímpicas y All-Americans, incluso jugadoras de la División II universitaria tirando juego de un hit contra bateadoras de renombre.”
El softbol hizo su reaparición en la vida de Willis. Ella firmó entonces como Asistente de Entrenador voluntaria en Texas, comenzó a ofrecer clases particulares y ayudó a iniciar un equipo Sub-12 en Austin. Se unió a las ex atletas olímpicas Cat Osterman, Caitlin Lowe y Kelly Kretchman para llevar adelante las Clínicas Triple Threat, en las comunidades de softbol en ciernes del país, así como también en los focos más importantes, como el Condado de Orange, donde el 20 de diciembre dieron una clínica en Los Amigos High, en Fountain Valley. Willis, compartió su historia, que fue tan inspiradora como la de las olímpicas.
“Tengo más pasión por el deporte de la que jamás he tenido”, dijo Willis, la cara fresca de softbol. “He hecho del softbol mi trabajo”.
Megan Willis puede tener el aspecto de un modelo. Pero ella ya es un modelo para la próxima generación del softbol.





IL BEN DISPORSI TRA LA CINTURA E IL PIEDE DI MEGAN WILLIS
di V.S.Gaudio
Megan Willis mantiene basso il suo assetto somatico, sta come su un treno della sotterranea che sobbalzi, si mantiene alla mazza e il suo peso è esattamente nel centro,le ginocchia sono leggermente piegate: allargando la base di sostegno, se si abbassa il centro di gravità, Megan raggiunge una maggiore stabilità, da cui poi prima di avviarsi si abbassa di qualche centimetro, in modo che dall’immobilità, per superare l’inerzia e dare inizio al movimento, ha bisogno di questo input di forza, che è verso l’alto, ma non così in alto, altrimenti il centro di gravità non potrà seguire le gambe: tra la cintura e il piede, la forza e la resistenza muscolare, che non sono né alte né medie, prendono tutto l’input che viene dalla solidità media delle articolazioni e dei legamenti, tanto che è così che Megan Willis nel muoversi usa tutte le parti del corpo che il gioco permette.
Tra la “cintura” e il “piede”, il visionatore la vede nell’esercizio isometrico con le braccia, in cui intreccia le mani mettendo le dita a gancio davanti al petto e tenta di staccare le mani per 10 secondi, poi le sposta dietro la testa e tira per 10 secondi, ritorna davanti e prende le palme spingendo una contro l’altra, e così via a ripetere la serie.
L’isometria del tirare e dello spingere, che si fa con le mani e le braccia al disopra della cintura, e il visionatore che, invece, le fa l’isometria del tirare e dello spingere che si fa con le mani e con le gambe al di sotto della cintura, laddove l’armure difensiva richiama l’isometria tattile del visionatore.
In questo sport, tutto è tenuto basso, sotto la cintura, bassa è la capacità di rilassarsi, bassa la mobilità, bassa la forza muscolare, bassa la massa muscolare, bassa la resistenza muscolare, l’importante è che, in questo esercizio isometrico del tirare e dello spingere, lei sia solida di articolazioni e di legamenti, cosicché possa supportare l’esercizio isometrico dello spingere e del tirare del visionatore di Morin. D’altronde, lei è tanto “ben disposta”, willing, che “vuole”, wills, sì tanto da far “venire i brividi”(willies?), non è un caso che il “megas”, che c’è nel suo nome, contenga l’avverbio o il superlativo dell’esteso, dell’alto, del lungo, e del grande, come se questo potente e maggior “ben disporsi” estenda il suo pondus. Nella patafisica agonistica, l’”assolutezza anonima” dell’aura ha questo sotto la cintura che sta basso, l’avverbio o il superlativo dell’estensione,della potenza, della forza, del grande, del maggiore.
La longilinea, col mesomorfismo basso, che è Megan Willis, che ha forse nell’indice del pondus(=23) la ragione del suo fascino e del suo assetto isometrico, dovrebbe avere proprio l’indice costituzionale mesomorfo basso(=50) perché si trovi una spiegazione somatica a ciò che l’armure del suo softball-habit espressamente chiede, di essere colpita in basso.